jueves, 29 de octubre de 2009

Salones y turnos del segundo parcial (octubre 30)

El segundo examen parcial se llevará a cabo el día 30 de octubre en las salas de cómputo 403 y 408 del edificio de Postgrados, también en la sala 19 de la Biblioteca.

Los turnos asignados según el orden alfabético de los apellidos de los estudiantes son los siguientes:

7am desde: Abril Agudelo hasta: Contreras Marin
7:30am desde: Contreras Ramirez hasta: Lopez Ospina
8am desde: Lopez Sanchez hasta: Quitian Alzate
8:30am desde: Ramirez Jara hasta: Zarama Rojas

Conferencia Álvaro Corral:

A petición del conferencista, no se incluye la presentación hecha en clase, sino el texto escrito que sirvió de base a lo comentado durante la sesión:

Apuntes para un análisis filosófico de la percepción del propio cuerpo

Por: Álvaro Corral

Departamento de Humanidades
Universidad de Bogotá Jorge Tadeo Lozano


“El cuerpo es el vehículo del ser-en-el mundo y poseer un cuerpo es para un ser viviente conectar con un medio definido, confundirse con ciertos proyectos y comprometerse continuamente con ellos”.

Maurice Merleau-Ponty. (1948. 1984: 100)

Nuestro cuerpo siempre está ahí, pero no es un objeto en el sentido del árbol que veo enfrente de mí, ni tampoco en el sentido de la música que escucho al mismo tiempo que escribo estas palabras. Yo soy en mi cuerpo y mi cuerpo es mi yo. Cada sujeto en el mundo tiene su aquí, desde el cual percibe los objetos externos abriendo así una perspectiva propia. Como decía Merleau- Ponty en su Fenomenología de la percepción, “en la medida en que el cuerpo es lo que ve y lo que toca, no es visible ni tangible” (1984:110). Sin ser entonces sólo un mero objeto del mundo, mi cuerpo, por lo general, en estado normal, casi nunca constituye un problema. Está conmigo en mis desplazamientos y hace posible mi existencia con cierta continuidad en el tiempo. Solo hasta hace muy poco, si se considera la venerabilidad que tienen los problemas filosóficos, el cuerpo ha entrado a la lista de las discusiones en filosofía. Desde la perspectiva del sentido común, ni el deportista, ni el actor elaboran reflexiones teóricas sobre el esfuerzo requerido para una maniobra, simplemente las ejecutan y gracias al ejercicio permanente, las mejoran sucesivamente. Quizá sólo hasta el advenimiento de una época como la nuestra en que la competencia ha invadido todos los ámbitos de la acción humana y la aspiración a ganar jugosas sumas de dinero o a la fama y el estrellato, ha llevado a muchos a la búsqueda de recetas que permitan la maximización del uso del cuerpo. Pero no sólo por esta última motivación tan precaria, se requiere plantear reflexiones teóricas que quizá aumenten las posibilidades de acción y movimiento del cuerpo. Con todo lo anterior, sigue siendo cierto, que para cualquier persona la posesión de un cuerpo sano nunca es objeto de duda y mucho menos de preocupación. Se vive con ese cuerpo. Sólo cuando aparece la enfermedad, el hambre, la sed o la angustia, cuando se anuncia el dolor y la fatiga, o cuando irrumpen las depresiones o los estados de euforia y plenitud, se rompe esa relación de transparencia y de obviedad del cuerpo vivido, y sabemos de alguna manera, que nuestra condición está delimitada por este amasijo de carne y que en alguna parte algo nos molesta, algo nos duele, algo nos alegra o causa placer, algo nos preocupa o algo nos enferma. Sin embargo, bajo las condiciones normales de la existencia, durante el resto del tiempo, nuestro cuerpo pocas veces se hace objeto de experiencia temática o focalizada. Esto quiere decir que en condiciones normales rara vez ponemos atención en lo que hace nuestro cuerpo. Incluso si comparamos el cuerpo en su totalidad, en cuanto ámbito que hace posible la acción cotidiana, con las tareas perceptivas de los órganos de los sentidos, encontramos que éstos siempre son objeto de experiencia temática. No así con el cuerpo, el cual en condiciones normales de funcionamiento es un hecho carente de direccionamiento, y si se quiere más, un hecho de sostenimiento dado por obvio. Así pues, mientras que con los ojos vemos un color, una imagen o un movimiento, con los oídos oímos un grito, un ruido o una advertencia; con el olfato dirigimos nuestra atención hacia un olor que nos recuerda una escena de la infancia; con el tacto distinguimos una textura de otra y mientras que con el gusto rechazamos un alimento que nos parece desagradable, resulta que con el cuerpo tan sólo decimos, desde el sentido común que lo tenemos o que estamos en él. Mientras la percepción por medio de los sentidos se dirige a un objeto externo que nos llama la atención o nos sugiere la identificación de alguna de sus propiedades, el cuerpo se hace sentir, pero singularmente casi sólo en los casos de mal funcionamiento, de algún tropiezo o de alguna anomalía. La presencia del cuerpo en la cotidianidad está señalada por su ausencia .

Pero, ¿qué significa entonces tener un cuerpo o estar en él? Cuando Wittgenstein al comienzo de sus conferencias Sobre la Certeza afirmaba, “si tu sabes que aquí hay una mano” (haciendo referencia a una discusión famosa con G. E. Moore en busca de una prueba para demostrar la existencia del mundo exterior), “entonces te concedemos todo lo demás”, trataba de introducir su teoría sobre los llamados ‘juegos de lenguaje’. Para entender lo que es un juego de lenguaje, Wittgenstein decía que, si a continuación otra persona se acerca para decirnos: “no sé realmente si aquí hay una mano” y le respondemos, presta más atención y “mira con más cuidado”, el talante de esa respuesta, más que una demostración directa sobre la existencia de la mano levantada, constituye más bien una forma para convencernos de que compartimos el mismo juego de lenguaje con el que hemos crecido en el marco dado de una cultura en particular. Si ahora nos alejamos del problema epistemológico planteado en términos del conocimiento que podemos tener a partir del uso de las proposiciones en el lenguaje para describir con cierta precisión lo que pasa en el mundo, y pensamos más bien en lo que significa tener esta mano, ser su poseedor, poderla reconocer como propia y quizá en una instancia posterior poder afirmar, he aquí mi mano levantada, entonces es posible pensar escenarios filosóficos diferentes que nos llevan más allá de las fronteras del análisis lingüístico.

En lo que sigue queremos plantear el ejercicio de poner en duda la expresión “sé que aquí está mi mano levantada”, sin tener que apelar al hecho de que una posible duda en la afirmación sea únicamente consecuencia de un juego de lenguaje diferente al normal y que no tiene como propósito la demostración de un objeto en el mundo exterior independiente de mis representaciones. Si cada quien hace aquí la pregunta por la existencia de la propia mano que cada quien es capaz de levantar voluntariamente, quizá nadie nos muestre una excepción. Que esa aparente universalidad, se convierta en fuente de certeza, es otro asunto que desvía nuestra atención y debemos dejar para discutir en otra ocasión. Incluso alguien podría pensar en lo banal del ejercicio anterior. Pareciera a primera vista que indagar por esa obviedad puede ser una muestra clara de falta de oficio. Pero, en realidad, no es así. Si yo los invito ahora a llevarse la mano a la mejilla para apoyar la cabeza, y les pido además que lo hagan con los ojos cerrados, la tarea parece ser de una simplicidad aburridora. Sin embargo, desde el punto de vista neurofisiológico no es así. La causa real que hace posible ese desplazamiento, con seguridad exitoso, de la mano con los ojos cerrados hasta ubicarse debajo de la mejilla, cualquiera que sea su posición anterior, está garantizada por el sentido de la ‘propriocepción’ que a falta del control visual que ejercemos sobre nuestra mano, nos permite colocarla en la posición solicitada.

Se atribuye a C. S. Sherrington, brillante neurofisiólogo de finales del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX, el descubrimiento del sexto sentido, de la ‘propriocepción’, para distinguirla no sólo de la percepción externa (exterocepción) por medio de los cinco sentidos que nos ofrecen información del mundo externo y de la percepción interna (interocepción), por ejemplo, de nuestras vísceras, músculos y huesos. Para Sherrington la propriocepción, que incluye nuestra sensación de equilibrio, la posición y la tensión muscular, nos permite tener una sensación de nosotros mismos, de sentir nuestro cuerpo como algo que nos pertenece o mejor que somos, en el sentido de ser nuestra fuente primaria de acción en cuanto seres vivos. (Sherrington, 1906 y 1940). La propriocepción, en el caso de los seres humanos, tiene una estrecha conexión con el sistema vestibular, que se encarga de mantener el cuerpo en equilibrio y con el sentido de la vista. Así las cosas, cuando uno de los tres sistemas falla, es posible que el cuerpo se apoye en los otros dos mecanismos alternos para mantenerse en acción. La visión puede eventualmente corregir una postura cuando temporalmente perdemos el sentido del equilibrio. A oscuras, cuando las posibilidades de obtener información visual disminuyen, entonces mis manos actúan como mecanismos de exploración en el espacio que rodea mi cuerpo. Se convierten en ojos virtuales, de tal manera que si me encuentro en un lugar conocido, gracias a la memoria de las experiencias pasadas y al tanteo, con el cual organizo mis desplazamientos, puedo alcanzar las coordenadas espaciales en las que se encuentra el interruptor para poder así a continuación encender la luz. El tanteo, en cuanto manifestación de la incertidumbre para ubicar el interruptor en la pared de una habitación a oscuras, es una manifestación del sentido de propriocepción. En un lugar a oscuras que resulta desconocido para mí, mis extremidades avanzan y retroceden con cautela para establecer las condiciones del espacio por donde tengo que desplazarme.

La propriocepción se entiende como la sensación corporal por medio de la cual sabemos qué posición tiene nuestro cuerpo o cómo se ubican nuestras extremidades. Si a una persona con propriocepción normal con los ojos cerrados se le solicita que se siente y muestre su rodilla, la propriocepción será lo que le permita conducir exitosamente los desplazamientos de su mano, colocar su cuerpo en un asiento y encontrar finalmente su rodilla. No se trata aquí de un saber de carácter proposicional, cuando afirmamos que sabemos que 2+2=4 o cuando decimos que sabemos que Bogotá es la capital de Colombia. En ambos casos nuestra conciencia está directamente involucrada en la expresión lingüística y en las creencias que se tiene sobre esas dos proposiciones. Cuando interrogamos por la posición de nuestra pierna en este momento, resulta que este hecho no es necesariamente objeto de conocimiento directo de nuestra conciencia. En la vida cotidiana muy pocas veces nos preguntamos de manera consciente dónde están nuestras manos y qué están haciendo nuestras piernas mientras subimos por las escaleras. Simplemente, primero estamos escribiendo y luego ascendemos al piso en el que tendremos más tarde una reunión. Nuestra conciencia se ocupa temáticamente, bien sea del contenido de lo que escribo ahora en la pantalla, bien sea los temas de la conversación que tendré en el piso hacia el cual dirijo mis pasos. Todas esas acciones fluyen sin que tenga conciencia directa de lo que hace mi cuerpo en ese lapso.

Mientras que con relación a los contenidos, las maneras y el alcance de la información que sobre el mundo exterior nos ofrecen los cinco sentidos, se han planteado debates interminables a lo largo de toda la tradición filosófica, encontramos que son pocos los debates y reflexiones que genera el hecho de tener un cuerpo o de estar encarnados . Muchas de las cosas que son más importantes para nosotros están ocultas debido a su simplicidad, su obviedad y a su familiaridad. Por esa razón, no se convierten en objeto de atención consciente en nuestras vivencias de la cotidianidad y muy escasamente en objetos de una reflexión filosófica posterior. En lo que sigue trataré de mostrar que con respecto a la percepción del propio cuerpo subyacen problemas de gran complejidad.

Sólo en círculos relativamente especializados de personas con algún grado de información médica se acepta la presencia de un sexto sentido: la propriocepción. Tan notoria es esta situación que todos sabemos cómo proceder cuando alguien nos dice que es ciego o sordo, pues basta con cerrar los ojos o tapar los oídos para saber de alguna manera, en qué consiste carecer de acceso a información visual o auditiva y qué limitaciones se generan. Por vía de analogía, pero con un mayor grado de dificultad, quizá entendamos lo que significa perder, bien sea temporal o definitivamente el sentido del gusto, del tacto o del olfato. En contraste con lo anterior, cuando tenemos el caso que alguien nos dice que ha perdido el sentido por medio del cual percibe su propio cuerpo, no sólo no sabemos cómo ayudarlo, sino que incluso se nos dificulta entender qué significa perder la percepción del propio cuerpo. Por supuesto que en un caso así mal haríamos en responderle a esa persona diciéndole en aparente concordancia con la teoría de los juegos de lenguaje propuesta por Wittgenstein, de que no estamos en capacidad para entenderlo o que el otro usa expresiones sin sentido. Antes de caer en la tentación de una respuesta de este estilo, exploremos qué sabemos sobre la percepción del propio cuerpo y por qué este análisis puede significar una fuente interesante de reflexiones sobre la filosofía de la mente.


I

¿Cómo es entonces el mundo para alguien que carece de propriocepción? Miraremos con detalle dos casos clínicos. Primero, el mundo de Ian Waterman, quien perdió el sentido del tacto y de la propriocepción del cuello para abajo, como consecuencia de una infección neuropática , la cual destruyó la estructura mielinizada de las fibras nerviosas que controlan la posición del cuerpo y la ubicación de las extremidades inferiores y superiores. El segundo caso es el de Cristina, quien por efecto de una polineuritis aguda también perdió su sentido de propriocepción, pero en todo su cuerpo. Luego veremos las consecuencias de esas diferencias, como insumos para un análisis filosófico sobre nuestra dimensión corporal, como cuerpo vivido.

∑ El mundo de Ian Waterman

A pesar de retener su capacidad para experimentar en su piel variaciones de temperatura entre el calor y el frío, de sentir dolor y fatiga muscular, Ian carece desde 1971, cuando tenía 19 años de edad, de sentido proprioceptivo con relación al conocimiento de los hábitos motrices, de la postura y de la posición del tronco y de las extremidades inferiores y superiores. Esa pérdida lo inhabilitó temporalmente para moverse. A diferencia del parapléjico, Ian Waterman no estaba paralizado. Su problema radicaba en haber perdido el sentido que nos permite saber cuál es la posición del propio cuerpo y cómo mover las piernas y los brazos. Aquí el verbo saber no se emplea en el sentido consciente del conocimiento proposicional, sino en el sentido primario de los puros hábitos motrices automáticos y no reflexivos. Se trata del saber procedural, de qué hacer con el cuerpo, cómo ejecutar una tarea motriz con alguna de sus extremidades y cómo tener memoria no consciente o automatizada de la ubicación de las extremidades luego de realizada una acción y sin tener que recurrir a la información visual.

No obstante, la gravedad de su condición y la similaridad con la situación del parapléjico, pues no tenía ningún control sobre sus extremidades y tampoco sabía como establecerlo de nuevo, Ian logra una recuperación sorprendente por medio de ejercicios para activar el tono muscular, pero sobre todo gracias a la aplicación cuidadosa de una gran dosis de atención calculada y consciente sobre lo que significa moverse. Con grandes esfuerzos de concentración y de atención mental, Ian logra establecer parcialmente algunas dimensiones básicas del control sobre su cuerpo para ganar la autonomía necesaria para servirse del cuerpo en la mayoría de las acciones cotidianas desde comer, hasta vestirse o asearse sin ayuda de otros. De acuerdo con su propia narración, la organización de la acción, no depende como en todos nosotros de la ejecución de hábitos puestos en marcha o aprendidos desde la más tierna infancia o incluso desde la etapa fetal, sino que exige de una cuidadosa y detallada planificación mental, en la que los demás órganos de los sentidos, en particular el de la vista, se convierten en instancias fundamentales para el adecuado monitoreo de la acción de las distintas partes del cuerpo en su encuentro cotidiano con el mundo.

De acuerdo con el análisis de Gallagher, vemos que “[s]us movimientos han sido sometidos a una reingeniería de manera que no dependen de programas motrices. Para decirlo más claramente, sus movimientos son sometidos permanentemente a reingeniería por cuanto en la mayor parte del tiempo [Ian] no puede depender de programas motrices” (Gallagher, 2005:49). La ausencia de sentido de propriocepción le impide a Ian automatizar o convertir en hábito los movimientos del cuerpo. Por esta razón, Ian debe calcular los movimientos permanentemente y obtener por vía sensorial la respectiva retroalimentación de lo que ocurre en el mundo. Por medio de la vista no sólo se anticipan con minucia los detalles que se presentan en las etapas para la realización de una acción concreta, sino que además se obtiene información relevante en tiempo real sobre la posibilidad de ejecutar correcciones para evitar una magnificación de los errores cometidos, lo cual para la situación de Ian puede constituir en algunos casos, incluso de grave peligro para su vida. Sin la posibilidad de un contacto muscular de las extremidades con los puntos de apoyo del exterior, Ian es incapaz de saber, en términos procedurales, y sin apoyo de la información visual compensatoria, dónde están ubicadas sus piernas o sus manos. Para poder caminar, tiene que calcular como oponer en la flexión de las piernas, el tronco y no perder así el control del eje gravitacional, con algún balanceo compensatorio de los brazos. Sin que el uso de la analogía nos confunda, Ian no tiene posibilidad de activar la función de ‘piloto automático’ con el que normalmente navega nuestra subjetividad encarnada cuando se desplaza de un lugar a otro, cuando se coordinan los movimientos de los dedos y de la mano, cuando escribimos en el computador, cuando practicamos un deporte, cuando acompañamos nuestras palabras con gestos para reforzar el sentido de lo que queremos comunicar, en fin, cuando el cuerpo es requerido como la base de acciones, en las cuales nuestra acción consciente se encuentra concentrada en otro nivel diferente. La coordinación de esas actividades motrices se descarga automáticamente en nuestro sentido corporal de propriocepción.

Pero no es solamente la pérdida de los movimientos de las extremidades como posibilidades para interactuar con el mundo o para desplazarse en él, también se escabulle la función comunicativa que los seres humanos damos a nuestro cuerpo cuando gesticulamos. Hoy en día se sabe que existe una integración cerebral que permite el manejo coordinado entre lenguaje y gestos, sin que se requiera una coordinación reflexiva . Todo el apoyo gestual del lenguaje también se deterioró en Ian al comienzo de su enfermedad. Pero esta dimensión gestual de la comunicación que en condiciones normales fluye de manera cuasi-automática con el hablar, pudo ser recuperada parcialmente en la medida en que la producción de esos gestos con las manos también se somete al control reflexivo y a la compensación visual, asunto que como acabamos de indicar, no ocurre cuando hablamos y gesticulamos al mismo tiempo.

De esta manera, Ian no podría con los ojos cerrados levantar su mano para decir, “he aquí una mano”, pues no tiene la memoria corporal acerca de dónde puede estar su mano en el momento previo a la solicitud de la acción y la ejecución de la misma. Ni que hablar de una tarea de reconocimiento por medio del tacto exclusivamente. Posiblemente tenga la posibilidad de asir un objeto que se le solicite agarrar, pero no podrá decirnos por vía de información táctil, si se trata de un lápiz o de una taza. Tampoco podría con los ojos cerrados dibujar con su mano ni en el aire ni en el papel una sencilla figura geométrica. Dibujar en el aire con los ojos cerrados una circunferencia con el dedo índice significa convertir todo el dedo en el extremo de un compás cuyo punto de apoyo rota en la mano. En un cuerpo sin propriocepción es imposible establecer las coordenadas y definir los planos, por lo que resulta imposible también el esbozo de la figura. Sólo bajo condiciones de iluminación adecuadas y con base en los recuerdos de experiencias táctiles anteriores a la neuropatía, pero siempre bajo un estricto control visual y una permanente atención reflexiva sobre las diferentes acciones a realizar, Ian recupera esa dimensión cognitiva en su relación con los objetos del mundo.

Agarrar una taza que se encuentra en la mesa o agarrar algún objeto en la tienda se convierte para Ian en una complicada tarea de cálculo, que nos hace recordar la ausencia de destreza con que un niño pequeño se enfrenta a tareas parecidas por primera vez. A diferencia del niño que en los primeros meses de vida incorpora y encarna en sus parámetros de comportamiento como una conducta motora habitual y cada vez más automatizada, las relaciones de esfuerzo muscular requerido, el manejo de distancia y ubicación de las coordenadas espaciales en las que debe culminar el desplazamiento que ejecuta nuestra mano con la taza hasta llegar a la boca, por ejemplo, para ingerir algún tipo de alimento, Ian necesita calcular el ejercicio una y otra vez, como si su memoria motriz para retener los diferentes protocolos inherentes al hábito de esas acciones corporales se hubiese desvanecido por completo.

El análisis de este ejercicio corporal muestra que la relación de los seres vivos con el medio se construye paulatinamente y a partir de comportamientos instintivos acumulados por la especie. Lo anterior es posible en un entorno natural cuyas propiedades físicas son estables durante períodos largos de tiempo. Ninguna especie animal habría podido sobrevivir, si las condiciones físicas y químicas del entorno no tuvieran cierta estabilidad durante largos períodos de tiempo. En el planeta Tierra las tazas no cambian dramáticamente de peso de un día para otro, ni el aire aumenta repentinamente de densidad. Dicha estabilidad de las propiedades físicas de la naturaleza, es una circunstancia que los seres vivos aprovechamos de manera oportunista para favorecer la adaptación, para consolidar instintos de larga trayectoria evolutiva y hábitos de acción beneficiosos al individuo que los incorpora . Gracias a que las propiedades físicas de los objetos y las leyes que regulan sus movimientos no cambian repentinamente, es que los niños rápidamente aprenden a calibrar sus movimientos cuando empiezan a gatear para aprender a caminar erguidos o cuando intentan llevarse una taza a la boca para ingerir por sí mismos alimento. Ian por el contrario no tiene manera encarnada de saber qué resistencia ofrece el aire a sus músculos, ni qué peso tiene la taza desde la perspectiva de su mano que la alza. Quizá por esta razón, Ian ha sido invitado por la NASA (cf. Gallagher, 2005:53) para participar en proyectos de investigación que permitan ejercitar a los astronautas en el manejo de extremidades robóticas, que no son otra cosa que extremidades virtuales del propio cuerpo, en condiciones de ausencia de gravedad, en las que el cuerpo vivido reacciona de manera muy diferente a como se reacciona en las condiciones gravitacionales de la Tierra, como es el caso cuando un niño pequeño ha aprendido a coordinar los movimientos de sus extremidades para poder caminar sin caerse o cuando manipula una taza sin dejarla caer y es capaz de llevársela a la boca para saciar su hambre o su sed. Imaginemos qué ocurriría, si la noche anterior un genio perverso hubiera cambiado las propiedades físicas de los objetos con los que interactúa el niño. Qué gran sorpresa sería para él o para cualquier persona, si la taza, sin cambiar su tamaño, ni su forma, ni su color, pesara ahora 50 kilogramos y en consecuencia no pudiera alzarla. No sólo manifestaría este niño un gran descontento y desconcierto enraizado biológicamente por no poder llevar a cabo una tarea, que bajo condiciones estables de las propiedades físicas de la taza y del medio ambiente estaría aprendiendo con éxito, sino que además se destruiría o se cuestionaría en gran medida la confianza biológica en una supuesta relación de fluidez, que los organismos vivos damos por sentada cuando a lo largo de nuestras vidas aprendemos y conocemos las propiedades y las características de las cosas. Esta relación de fluidez con las propiedades físicas de los objetos en un mundo estable, se encuentra garantizada de manera no consciente por la relación que establece nuestro cuerpo cuando interactúa con el medio ambiente que nos rodea. Esa relación se regula y se modula a lo largo de la vida gracias al sentido de propriocepción, sin que tengan que mediar de manera explícita procesos conscientes de aprendizaje y de conocimiento explícitos. Sólo en los escenarios de mal funcionamiento, de errores y en los pocos casos dramáticos de experiencias como las de Ian Waterman es que reparamos en la ruptura de la fluidez y nos damos cuenta de la complejidad que tiene esa relación con el mundo dada por obvia.

Es interesante anotar que las funciones exploratorias de los bebés se encaminan a la consolidación de hábitos motores y de comportamiento en los que el sujeto descarga en el cuerpo la ejecución cada vez más automatizada de las acciones requeridas. Esta es una situación parecida a la de alguien cuando inicia el proceso de aprender una técnica en el arte o una nueva destreza en el deporte. En la medida en que un niño hace menos reflexiva la tarea de mantener el equilibrio cuando aprende a montar en bicicleta, más rápido convierte la bicicleta en una parte de su cuerpo. La destreza y la habilidad son muestra del dominio en la ejecución de una tarea y no la consecuencia de la interiorización de reglas. De hecho el maestro de cualquier arte, técnica o deporte es quien se ha ‘desembarazado’ de las reglas. Sólo las recuerda cuando está en el proceso pedagógico de enseñar a otro, pero casi nunca en la ejecución misma. La destreza del astronauta consiste en aprender a manipular objetos bajo condiciones físicas variables determinadas por la fuerza de gravedad o por la aceleración del vehículo en el que se moviliza. En otro campo de la acción humana como es el de la actuación en el escenario, el actor puede alcanzar el mejor nivel de interpretación del personaje asignado, cuando logra encarnar como parte de sí las peculiaridades físicas y el talante psicológico del personaje. Por esta razón, una personificación de El Hombre Elefante se convierte en un reto para el actor consumado. Con la reflexión anterior se quiere mostrar una suerte direccionalidad en el sentido de convertir el hábito en un proceso encarnado con la menor dosis posible de reflexividad consciente. No así en el caso de Ian Waterman por la ruptura del sentido proprioceptivo que le impide convertir en hábito los movimientos de sus extremidades. Por ese déficit, Ian debe efectuar permanentemente una compensación que acontece, por una parte, por vía de reflexividad e intromisión consciente, y por otra parte, por vía de apoyo visual como mecanismo de monitoreo y control permanente de las consecuencias inmediatas que se derivan de cada acción.

∑ El caso de Cristina ‘la señora descorporalizada’

Oliver Sacks (1987) en su libro, El hombre que confundió a su señora con un sombrero y otras historias clínicas, nos cuenta la dramática historia de Cristina, una señora de 27 años, quien se encontraba en esa época en el proceso de preparación profiláctica de rutina para una operación en la que debía extraérsele un cálculo renal y tuvo un poderoso sueño en el que sentía haber perdido toda sensibilidad en sus extremidades y sin capacidad para levantar nada con sus manos. Lo terrible de ese sueño es que cuando despertó se volvió realidad y la intervención quirúrgica tuvo que ser cancelada. El reporte inicial de sus palabras fue de gran desconcierto, ante la notoria sorpresa del equipo médico que la asistió, pues decía que había dejado de sentir su cuerpo. Para el psiquiatra de turno, los síntomas iniciales parecían indicar una forma de ansiedad o incluso una histeria preoperativa. Sin embargo, las cosas empeoraron y ante la ausencia de reportes clínicos parecidos, la reacción de los médicos fue la de solicitar un examen sensorial acompañado de una prueba del lóbulo parietal. La cara de Cristina era para ese momento inexpresiva, su mandíbula estaba desencajada y había perdido la postura y el tono muscular, “sus manos se balanceaban,… como si no estuviera recibiendo información de la periferia, como si los mecanismos de control para el tono y el movimiento muscular hubiesen dejado de funcionar catastróficamente” (Sacks, 1987:45. Traducción personal). Luego de los exámenes se reveló un diagnóstico muy poco frecuente. Cristina fue víctima de una polineuritis aguda de carácter sensorial tanto en la columna como en los nervios del cráneo con la consecuencia de un déficit en la propriocepción de todo su cuerpo, desde el cuero cabelludo hasta los dedos de los pies. Ante la rareza del caso, los médicos en su asombro y sorpresa no sabían cómo proceder, ni qué recomendaciones darle, para continuar con su vida en esas lamentables condiciones. Luego de haber transcurrido tres meses con una persistencia de las características clínicas mencionadas, Cristina acude al médico y Sacks reporta:

… yo estaba muy confundido de verla sentarse con gran cuidado, con mucha gala, casi como una estatua, como una bailarina en una postura intermedia. De hecho, pronto miré que su manera de sentarse era una pose adoptada y sostenida consciente o automáticamente, una suerte de postura forzada, premeditada o histriónica, para suplantar la ausencia continuada de cualquier postura natural y genuina. Habiendo fracasado la naturaleza, Cristina tomó el ‘artificio’, pero el mecanismo artificial había sido sugerido por la naturaleza, y pronto se convirtió en ‘naturaleza segunda’. Algo similar ocurrió con su voz, puesto que al comienzo ella había estado casi siempre muda…
Así pues, a pesar de que no había ningún rasgo de recuperación neurológica (recuperación del daño anatómico de las fibras nerviosas), se hizo posible una recuperación funcional considerable, esto es en la habilidad para funcionar con diferentes tipos de sustituciones y otras aptitudes, gracias a la ayuda de terapia intensiva y variada, pues permaneció en el hospital, en la sección de rehabilitación, por casi un año. Finalmente, Cristina pudo abandonar el hospital y encontrarse de nuevo con sus hijos. Pudo retornar también a su computador personal, el cual tuvo que aprender a operar de nuevo con gran destreza y eficiencia pues todo debía hacerse con la visión y no con el tacto (Sacks, 1987: 50-51. Traducción personal).

La pérdida irreparable del sentido del propio cuerpo resulta para Cristina en la asombrosa, y si se quiere para nosotros insólita sensación, de que su cuerpo está muerto e incluso de que se trata de algo que está allí como si no fuera suyo, pero que gracias a la rehabilitación, pudo volver a usar, aunque tan solo como un instrumento mecánico de navegación en el mundo, que no puede reconocer y mucho menos asumir como propio.

Al igual que Ian, Cristina logró también recuperar ciertos aspectos relacionados con la movilidad de sus cuerpos. En ambos casos, la pérdida de la propriocepción se restaura parcialmente, es decir, sin la naturalidad inherente a los movimientos observables en el sujeto normal. La recuperación parcial se logra gracias a la puesta en marcha de una estrategia subjetiva de hiperreflexividad atencional por medio de la cual el individuo afectado interviene concientemente sobre el cálculo preciso y detallado de los movimientos de las extremidades y del tronco, controlados permanentemente por el sentido de la vista. Con base en la íntima relación existente entre el sistema visual, el sistema vestibular y la propriocepción, para ejercer el control y posesión del cuerpo, se abre la posibilidad que ante la ausencia de sistema proprioceptivo, Ian y Cristina se apoyaran en la coordinación visual conciente como mecanismo para recobrar un acceso mediato y si se quiere virtual al movimiento de sus propios cuerpos y recobrar así una cierta autonomía en el posterior desenvolvimiento de la vida cotidiana.

II

Para poder entender algunas diferencias entre los casos de Ian Waterman y Cristina es necesario introducir algunos conceptos filosóficos, por medio de los cuales se comprenda mejor cómo es que el sujeto, a pesar del déficit de la propriocepción, es capaz no obstante por otro camino neural recuperar un cierto grado de movilidad.

En las discusiones contemporáneas sobre los problemas de la filosofía de la mente nos encontramos con un panorama dominado por las tendencias del reduccionismo. La vieja escuela cartesiana del dualismo entre la mente y el cuerpo, que pretende explicar los estados cognitivos como si fueran solamente procesos de tipo deductivo que pueden ser implantados indistintamente en cualquier tipo de instancia corporal, o como si el cuerpo fuese un receptáculo que al recibir información se pueda poner en funcionamiento, parece haber sido abandonada por completo. Las aproximaciones de carácter reduccionista aspiran a explicar la complejidad de los fenómenos cognitivos, bien sea en términos de mecanismos neuronales, bien sea en términos de procesos computacionales que se sirven del andamiaje neuronal para ponerlos en práctica. Sin embargo, la estrategia metodológica del reduccionismo presenta serias debilidades, que han sido señaladas por sus críticos, cuando por cuestiones de método se eliminan, desconocen, minimizan o arrinconan los aspectos intencionales y la dimensión subjetiva o encarnada de los fenómenos cognitivos como si no existieran, como si fueran meras ilusiones o como, si desde la perspectiva objetiva de la indagación científica carecieran de sentido. En suma, como si se tratara de asuntos de menor importancia que pueden ser dejados de lado en el momento de elaborar una teoría científica robusta. Con el ánimo de asumir y enfrentar esas dificultades, relacionadas con la dimensión subjetiva e intencional de lo mental, y sin caer en las dificultades inherentes al dualismo Cartesiano, han legitimado su camino una serie de pensadores, quienes se apoyan en los recursos filosóficos propios del análisis fenomenológico de la experiencia promovidos por Brentano y por Husserl desde finales del siglo XIX, y continuados posteriormente por Merleau-Ponty y otros autores. Pero al igual que sus maestros, los pensadores más recientes de la escuela fenomenológica se apoyan también en los avances de las diferentes disciplinas empíricas que estudian los más diversos fenómenos cognitivos y mentales. Nos referimos aquí al programa teórico que persigue una ‘naturalización de la fenomenología’, de tal manera que sus reflexiones no se conviertan en especulación carente de soporte empírico.

Tanto el caso de Ian Waterman como el de Cristina revelan que el proceso de recuperación de la movilidad se ejecuta por vía de algún mecanismo nervioso latente que pone en marcha la hiperreflexividad consciente por parte del sujeto que intenta recuperar la movilidad de su cuerpo. Aunque no disponemos aquí del tiempo para hacer un recuento de los postulados básicos del programa de la naturalización de la fenomenología, ni de la contundencia de sus argumentos, me interesa mostrar la forma como el filósofo norteamericano Shaun Gallagher (2005: 24) aborda el problema de la percepción del propio cuerpo. Para ese análisis ‘fenomenológico-naturalizado’ de la experiencia proprioceptiva se sirve de dos categorías, que aun cuando no son de su invención, sí gozan de algún reconocimiento en la tradición fenomenológica, para tratar de comprender los problemas que presenta la propriocepción. Se trata de las categorías de ‘imagen corporal’ y de ‘esquema corporal’. Si bien estas categorías no tienen aceptación universal en el ámbito médico ni en el filosófico , por las confusiones conceptuales que suscitan y las críticas provenientes de las estrategias reduccionistas, resulta que con el análisis de ciertos casos clínicos, como el de Ian Waterman y el de Cristina, no sólo muestran algunas bondades metodológicas, sino que además resultan muy esclarecedoras para entender algunos problemas de la conciencia y de la subjetividad humana en términos de una subjetividad encarnada y corporalizada, sin tener que apelar a las dificultades insalvables del dualismo.

Las nociones de esquema y de imagen corporal no señalan coordenadas del espacio físico objetivo, sino que constituyen más bien maneras motrices de la acción subjetiva de cada individuo. Las formas históricas como dichas categorías se concretan en las diferentes personas, no constituyen propiedades físicas, sino fenoménicas. Gracias a estas maneras concretas es que un individuo está y se encuentra en el mundo con las posibilidades abiertas para la interacción con las cosas y con los otros individuos. Por otra parte, estas categorías permiten interpretar datos significativos sobre la conciencia humana en el sentido en que muestran la existencia de un nivel primario y básico, en el cual, sin necesidad de apoyo reflexivo, nuestro cuerpo se experimenta como propio y nos permite desempeñar un sinnúmero de tareas importantes sin necesidad de desplegar un control consciente.

La ejecución de un movimiento parte de la comprensión no reflexiva desde lo interno y global del propio cuerpo, desde aquí y ahora en la generación de una perspectiva de acción. Como recuerda Merleau-Ponty, “está mi brazo como soporte de estos actos que conozco bien, mi cuerpo como potencia de acción determinada cuyo campo o alcance ya sé de antemano, mi contexto inmediato como conjunto de los puntos de aplicación posibles de esta potencia; por otra parte también está mi brazo como máquina de músculos y huesos, como aparato de flexiones y extensiones, como objeto articulado, el mundo como espectáculo puro al que no me uno, pero que contemplo y señalo con el dedo” (1984: 122).

Como resultado de la puesta en marcha de los mecanismos que generan, fortalecen y consolidan los procesos que se presentan en el sujeto humano cuando éste construye lentamente su imagen y esquema corporal desde la época incluso fetal, poco a poco se configura para cada individuo un marco de acción que le sirve de trasfondo para las acciones futuras en las que el cuerpo juega algún papel. Este trasfondo no es algo externo a sus movimientos y a sus percepciones, sino que más bien constituyen las dimensiones individuales y encarnadas de los movimientos mismos. Imagen y esquema corporal son como las dos caras de la moneda en el uso cotidiano del cuerpo. Como anota Gallagher: “Incluso en aquellas instancias en las cuales una persona usa su imagen corporal para guiar sus movimientos, esto no ocurre sin las operaciones no conscientes del esquema corporal. En la etapa inicial de la enfermedad de Ian, su imagen corporal no estaba lista para la tarea de compensar la información proprioceptiva faltante que usualmente eran la base de las funciones propias del esquema corporal. Incluso con la visión y el pensamiento solamente, Ian no podía controlar la motilidad. Con la pérdida de la propriocepción también se dañó la imagen corporal de Ian. Ese daño trajo consecuencias experienciales, por ejemplo, había desaparecido la experiencia sentida de su propio cuerpo como propio y bajo su control” (Gallagher, 2005: 51. Cursiva en el original. Traducción personal).

En cuanto a la otra cara de la moneda de la experiencia del cuerpo, la pérdida de la propriocepción también trae daños al esquema corporal. Es por eso que Ian, ante ese déficit, ha incorporado, de acuerdo con las palabras de Gallagher, un “esquema corporal virtual, un conjunto de procesos motrices generados cognitivamente. Este esquema corporal virtual parece funcionar sólo en el marco de una imagen corporal que se mantiene consciente y continuamente. Si se niega el acceso a una consciencia visual de la posición de su cuerpo en el campo perceptivo o si se le niega la capacidad para pensar sobre su cuerpo, entonces, sin el marco de su imagen corporal, su esquema corporal virtual deja de funcionar, pues no puede sostenerse por sí mismo” (Gallagher, 2005:52. Traducción personal). Parece entonces que la distinción entre esquema e imagen corporal permite explicar la independencia de dos tipos de procesos fisiológicos para lograr el control de movilidad corporal. Se trata entonces de mecanismos paralelos y complementarios. Sin embargo, resulta ahora que no son del todo claros los mecanismos neurológicos de transmisión de información presentes las actividades de control propias de la categoría de la imagen corporal, cuando el esquema corporal de un individuo deja de operar, es decir, cuando han perdido parcial o totalmente la propriocepción , tal como vimos en el caso de Ian Waterman y de Cristina . No es del todo claro, cómo se puede por medio de la atención conciente y de la retroalimentación visual recuperar de nuevo un cierto grado de control motriz sobre miembros parcialmente deaferenciados?

Si comparamos ahora la situación de Ian con la de Cristina a la luz de la clarificación conceptual entre la ‘imagen corporal’ y el ‘esquema corporal’, pareciera que por ser el daño en las fibras nerviosas de Cristina mucho más profundo que el de Ian, Cristina no sólo perdió el esquema corporal, sino también aspectos sustanciales de su imagen corporal. Un soporte empírico para sostener esta aseveración es recordar el hecho de que la deaferenciación nerviosa de Ian Waterman es sólo del cuello para abajo, mientras que la pérdida proprioceptiva de Cristina es total. Mientras que Ian sí es capaz de reconocer su cuerpo como propio, por efecto del mantenimiento mínimo de la imagen corporal presente del cuello hacia arriba, Cristina tiene un problema de deaferenciación total que trae como consecuencia la incapacidad para sentir y reconocer esas carnes como las suyas propias. Ni siquiera puede reconocer como propias su nariz o su cuero cabelludo. Por esta razón, Sacks titula la dramática historia de Cristina, ‘la señora ‘descorporalizada’. Su afección es más profunda en el sentido en que se ha afectado también su memoria acerca de lo que antes de la enfermedad, significaba para ella tener un cuerpo. Ella tiene en ese sentido, serios problemas para reconocerse como la misma persona en fotos suyas tomadas antes de ser afectada por la terrible catástrofe de la polineuritis aguda. Sacks nos transmite la desolación de Cristina cuando exclama, “¡Sólo si pudiera sentirlo!, pero olvidé completamente que era eso. ¿Yo era normal, o no? ¿Acaso me movía como cualquiera?” (Sacks, 1987:51. Traducción personal)

La pregunta por el cuerpo encarnado que hemos tratado de precisar, apelando al caso clínico, carece por completo de sentido para ella, pero no porque no la entienda, sino porque no la vive.


Referencias Bibliográficas

CAMPBELL, John. Past, Space and Self. A Bradford Book. MIT Press. Cambridge Massachussetts. 1994.
COLE, Jonathan. Pride and a daily Marathon. Cambridge Mass. MIT Press. 1995.
GALLAGHER, Shaun. How the Body Shapes the Mind. Oxford University Press. Clarendon Press. Oxford. 1995.
LEDER, Drew. The Absent Body. The University of Chicago Press. Chicago an London 1990.
MERLEAU-PONTY, Maurice. Fenomenología de la percepción. Planeta-Agostini. Obras Maestras del Pensamiento Contemporáneo. 1984.
SACKS, Oliver. The Man Who Mistook his Wife for a Hat and Other Clinical Tales. Harper Perennial. Harper Collins Publishers. 1970, 1987.
SHERRINGTON, C. S. The Integrative Action of the Nervous System. Cambridge 1906.
SHERRINGTON, C. S. Man on His Nature. 1940.
WITTGENSTEIN, Ludwig. Über Gewissheit. Gesammelte Schriften. Suhrkamp Verlag. Frankfurt am Main.


Anexo
(cf. Gallagher, 2005:20-30)

Imagen corporal Esquema corporal
Sistema de percepciones, actitudes y creencias con respecto al propio cuerpo Sistema de capacidades sensoriales y motrices que funcionan sin necesidad de conciencia o monitoreo perceptual
Incluye representaciones del propio cuerpo (dimensión consciente) y la memoria que se tiene de esas representaciones Involucra capacidades motoras y hábitos primarios de acción (dimensión inconsciente). Proporciona la posición global de los miembros y del cuerpo como un todo.
El empirismo considera que la IC se genera con la frecuencia repetitiva de la experiencia perceptiva (p. 65). El empirismo considera que el EC se desarrolla desde la infancia con la experiencia más o menos consciente del movimiento (p. 65).
Gallagher y Meltzoff sugieren que como parte del desarrollo del EC se requiere una conciencia prerreflexiva y muy primitiva de la propia IC. La IC se origina en la interacción modal e intersubjetiva de la propriocepción y la visión de la cara del otro desde la más tierna infancia (p.73). La psicología del desarrollo con base en los experimentos de imitación (Meltzoff) realizados con recién nacidos muestra que para el momento del nacimiento ya se cuanta con un EC relativamente sólido por medio del cual el cuerpo puede responder frente a los estímulos externos en este caso la imitación de gestos.

Casos clínicos en los que la imagen y el esquema corporal se afecta:

1. Deaferenciación (personas que han perdido el sentido del tacto o de la propriocepción de manera parcial (Ian Waterman) o total (Cristina), pero que pueden controlar sus movimientos con una intervención cognitiva consciente, atención permanente y control visual.

2. Negligencia unilateral, como consecuencia de algunas clases de derrames cerebrales. Un defecto perceptual puede traer como consecuencia la exclusión de la otra mitad del cuerpo.




lunes, 26 de octubre de 2009

Resumen Conferencia Hans Sanabria: La construcción del mundo a partir del sujeto

¿Qué es la percepción?
Definamos percepción como lo que permite a un individuo [cerebro] clasificar e interpretar toda la información que recibe por medio de los sentidos.
El cerebro organiza las sensaciones, ajusta los datos que recibe en un proceso que es increíblemente rápido.


Los estímulos vienen por canales diferentes, de acuerdo al aparato receptor. (visual, auditivo, táctil, olfativo, gustativo).
El oído y la vista son los sentido que funcionan a mayor distancia de la fuente de estímulo.
Los estímulos son procesados por el individuo, más específicamente, por la mente del individuo.
Se procesan estímulos visuales, olfativos y demás estímulos, pero además se procesa el tiempo de acuerdo a diferentes situaciones contextuales:
El tiempo puede pasar muy lento o demasiado rápido.


Por medio de la percepción se tiene conocimiento de los objetos externos. (paisajes, música, los aromas, las superficies, etc.)
Pero, esta percepción se ajusta de acuerdo a ciertos pensamientos, de acuerdo a cierta cultura. En el caso de los colores, todas las culturas reconocen como prioritarios el negro y el blanco, dejando de lado el naranja, gris y marrón. La moda muestra la predilección por los tonos negros y blancos.

La Duda Cartesiana
En el contexto de un investigación hay que rehusarse a asentir a todo aquello de lo que pudiera dudarse racionalmente. (Esto sería especialmente importante para la manera como asimilamos la información de los medios de comuniciación).
qEl informe de la Interpol acerca del bombardeo a Ecuador fue presentado erróneamente.

a. Duda acerca del sentido externo
He admitido como verdaderas muchas opiniones falsas, así que lo que se ha edificado sobre esto es dudoso o falso.’
Debo deshacerme de todas las opiniones a las que hasta entonces había dado crédito, empezar desde algo firme, desde un fundamento.’


Para dicha labor no se requiere que se pruebe que todas son falsas, pero sí mostrar que si cabe la menor duda puede rechazarse.
Descartes se dirige contra los fundamentos mismos en los que se apoyan todas las opiniones que tiene hasta ese momento.
Lo primero que afirma es que todo lo que ha admitido de seguro y verdadero ha sido aprendido por los sentidos.
Pero, tales sentidos engañan: no fiarse de quien nos ha engañado una vez. Imagen – color.


b. Duda acerca del Sentido interno
Pero, ¿cómo dudar de estar sentado, escribiendo, etc.? He sido engañado mientras dormía. Supongamos que estamos dormidos.
En los sueños se forman a semejanza de lo real y verdadero. Y ocurre que se experimenta que esas cosas que veo en sueños son verdaderas. En los sueños no hay formas nuevas ni naturalezas nuevas.


c. Duda acerca de la naturaleza del hombre. Dios puede ser bromista.
Así, las ciencias que se ocupan de esas ideas simples serían indudables y ciertas, porque duerma yo o esté despierto 2+3=5, y el cuadrado no tendrá más de cuatro lados.
qSupongamos, por último, que dios me haya creado para que me engañe. Dada su bondad sería previsible que no me engañara siempre, pero tampoco una vez y esto sin duda ha ocurrido.


Conclusión
De todas las opiniones a las que había dado crédito en otro tiempo como verdaderas, no hay un sola de la que no pueda dudar ahora.
‘Así pues, supondré que hay no un verdadero Dios que es fuente suprema de verdad, sino cierto genio maligno, no menos artero y engañador que poderoso, el cual ha usado de toda su industria para engañarme.’


Primera verdad necesaria
¨Al igual que Arquímedes, Descartes busca un punto de apoyo inmóvil.
Supone que todo es falso; que nada de lo que está en la memoria ha existido; que carece de sentidos; que cuerpo figura, extensión, movimiento, lugar no son sino quimeras del espíritu.
Está persuadido de que él mismo existe, pues si se está persuadido de algo, o si se piensa algo, es porque se es algo.


La actitud natural de Husserl
•La actitud natural consiste en afirmar que todo cuanto vemos está realmente ahí delante de quien percibe. El mundo es real y existente y no es objeto de duda.
•Hoy en día la actitud natural está regida por los medios de comunicación que dicen qué se debe vestir, oir, comer, etc.

Epojé - Fenomenología de Husserl
•La epojé es poner entre paréntesis esa creencia originaria de la actitud natural. El mundo no se debe imponer al sujeto a pesar de estar frente a sí.
•La fenomenología consistirá en hacer una descripción de todos los eventos que ocurren a la conciencia en una percepción.

El mundo es relativo al sujeto
•Husserl parte de la existencia del sujeto, tal y como lo hizo Descartes, pero se detiene en la conciencia y, por medio de la fenomenología, hace una descripción de todo cuanto ocurre en la mente de un sujeto.
•Como lo vimos en el video, todos los sentidos están conectados con operaciones del cerebro, luego el mundo que percibimos es el mundo de la mente.

Horizontes
•El mundo se presenta desde un horizonte interno, que sería el caso de la imagen del gato en donde distinguimos ciertos rasgos. Pero también, desde un horizonte externo, es decir, un contexto determinado. Recuerden el cuadro que pareciera cambiar de color cuando se modifica el fondo.

La mente conforma al mundo.
•Sin la mente humana, los estímulos seguirían su camino hacia los sentidos, pero no serían interpretados. Un ejemplo de esto es el tacto de la ropa que llevamos puesta, el tacto de la silla en la que estamos sentados. Son estímulos que están presentes, pero si la mente no se ocupa de ellos es como si no estuvieran presentes.


•El estímulo llega al cerebro y esto lleva a experiencias psicológicas distintas. Un dolor, una música, etc.
•El cerebro organiza y define lo que se debe ver a partir de la imagen que llega a la retina, que es deficiente, tal y como vimos en el video.
•La imagen visual de las cosas es la síntesis de operaciones del cerebro. En la imagen del gato se ve que debe tenerse en cuenta los rasgos y los contornos para distinguir lo que vemos.
•El cerebro es capaz de corregir una deficiencia de percepción. El caso del deportista que usa gafas que alteran la percepción visual.
•Con Husserl nos adentramos a los procesos de la mente en la elaboración de todo cuanto puede ser pensado.
•Con Descartes y Husserl se plantean nuevos interrogantes acerca de lo que denominamos mundo. Ya no se trata de aquello fuera de nosotros sino mejor de aquello que se construye a partir del yo.

Conclusión general.
•No hay un mundo delante de nosotros para ser conocido. La mente misma es quien ha construido ese mundo de acuerdo a sus necesidades y de acuerdo a contextos culturales.
•Si el mundo es producto de la mente, nada impide que pueda cambiarse. En este sentido el mundo sería convencional.


Textos:
DESCARTES, René. Meditaciones metafísicas. Libresa, 1974. 115 páginas.
HUSSERL, Edmund. Meditaciones cartesianas. Fondo de Cultura Económica, 1986. 236 páginas.

viernes, 9 de octubre de 2009

Resumen Conferencia María Mercedes Durán: Aproximaciones al fenómeno de la percepción

Nociones clave:

•Percepción: proceso a través del cual entra en contacto el mundo exterior y el mundo interior.

•Las explicaciones se pueden agrupar en dos grandes categorías:
•Modelo Pasivo: el sujeto que percibe recibe señales del entorno.
•Modelo Activo: el sujeto que percibe es activo frente a las señales del entorno.

•Explicación clásica: señales entran a través del ojo, imagen en la retina que es enviada al cerebro.

•Explicación de las redes neuronales: descripciones simbólicas del mundo que nos rodea, no se conoce el código empleado por el cerebro para enviar estas descripciones a través de circuitos especializados a zonas especializadas en el cerebro.

•Enfoque enactivo: la percepción no es algo que pasa en nosotros, es algo que nosotros hacemos. Es un intercambio sensorio- motor entre nosotros y el mundo.


Lecturas:
•Noë, Alva; O Regan, Kevin. ¿Qué es “ver”?: Una teoría sensoriomotora de la experiencia visual.
•Ramachandran, V.S.; Blakeslee, Sandra. El zombi en el cerebro.